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Consejos para mejorar nuestra autoestima

como mejorar nuestra autoestima

La autoestima es una experiencia interna que se construye a partir de lo que pensamos y sentimos respecto a nosotros/as. Muchas veces confundimos tener una sana autoestima con la idea de ser competentes en todo. Esta creencia es un mito, ya que una sana autoestima implica identificarnos y aceptarnos tal como somos, tanto con nuestras capacidades como con nuestras limitaciones, diferenciando cuando hemos de aceptarlas o cuando debemos tratar de cambiarlas o superarlas.
A continuación, presentamos tres reflexiones que pueden ayudarte a mejorar nuestra autoestima. Como siempre, destacamos que no son recetas universales, pero que, si te hacen pensar y las adaptas a ti, te pueden ayudar. Aun así, una terapia psicológica es la recomendación idónea que más puede beneficiarte si quieres trabajar tu autoestima.

3 consejos para mejorar nuestra autoestima

  1. Exponte poco a poco a tus miedos
    Cuando nos sentimos amenazados/as, nuestra tendencia natural es huir. En momentos concretos, esto es sano, pero cuando este comportamiento huidizo se instala en el tiempo, quizás hemos caído en la trampa de la evitación, que hace que escapar nos tranquilice al principio, pero nos impide a largo plazo enfrentarnos a las situaciones que nos preocupan. Así, esta trampa no nos permite comprobar que tenemos recursos o que podemos desarrollar nuevos para afrontar nuestros miedos y sentirnos mejor con nosotros/as mismos/as. Existen técnicas en psicoterapia que puedes aprender para aceptar tus miedos y desapegarte de ellos.
    2. Actúa, valorando el proceso más que el resultado.
    Actúa a pesar del miedo a “fracasar”. Los errores a veces nos dan mucho miedo, cuando es necesario que los normalicemos como parte fundamental de nuestro aprendizaje. Aunque nos cueste, podemos ir dando pequeños pasos hacia acciones que realmente nos acercan a quienes somos. Nuestra autoestima no depende tanto del resultado que obtengamos, sino de haberlo intentado; en el proceso de intentarlo podemos descubrir nuestras cualidades y fortalezas, así como nuestros límites, y llegar a conocernos mejor. Si no lo intentamos, quizás nos perdamos contactar con algunos valores importantes en nuestra vida.
    Los logros nos motivan, sin embargo, cuando los tomamos como única medida para reforzar nuestra autoestima, nos metemos en una espiral de “deberías” en el que nos acabamos ahogando. Es necesario recordarnos que una nota, un peso, los “like” en una red social, las horas de trabajo… son números que no representan nuestra valía personal. Además, muchas de estas cifras nos vienen impuestas por la sociedad, por tanto, está bien pararse a pensar si eso es lo que quieres tú o lo que la sociedad espera de ti. Por ejemplo, si para ti es importante el estudio, obtener una buena nota en un examen puede ser una excelente noticia, pero lo realmente valioso es que, en general, hayas tenido perseverancia y responsabilidad y te hayas organizado en tu rutina de estudio, saques o no la nota que esperabas. En definitiva, tener presentes nuestros valores personales y ser coherentes con ellos es lo que alimenta nuestra autoestima.
    3, Procura tener un trato amable y compasivo contigo/a mismo/a.
    ¿Alguna vez te has parado a observar cómo te hablas a ti mismo/a?, ¿con qué tono de voz?, ¿qué palabras y expresiones te dices? Cuando nuestro diálogo interno es muy crítico y nos creemos al pie de la letra lo que nos decimos, esto nos va a afectar a nuestro estado de ánimo general y a las decisiones que tomamos. Por ello, es importante que nos paremos a escuchar nuestro discurso y, cuando este sea muy crítico, notarlo y distanciarnos. La clave está en guiar tu discurso hacia uno más tolerante, comprensivo y cariñoso contigo/a mismo/a. Aunque al principio pueda resultarte artificial, la investigación evidencia que la autocompasión disminuye la depresión y la ansiedad así como la tendencia al perfeccionismo y el miedo al error.

No se trata de decirte a ti mismo/a “lo maravilloso/a que eres” o que “puedes con todo”, esas autoafirmaciones positivas acabarán por hacernos sentir peor, ya que nuestra mente no se las va a creer. Para empezar a practicar la autocompasión, cuando lo estés pasando mal, pregúntate lo siguiente: “Si le pasase esto a una persona a la que aprecio y quiero mucho, ¿qué le diría?, ¿cómo le hablaría?”. Esto te puede ayudar a dejar de fustigarte si tienes esa tendencia: desde la comprensión y empatía es más fácil sentirnos mejor sobre lo que no nos gusta, que desde la exigencia y el machaque. Esto nos ayuda a mejorar nuestra autoestima.

Artículo redactado por la psicóloga Elena Díaz Zubiar

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