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La desmotivación: de dónde viene y cómo afrontarla

desmotivación cómo salir de ella

En algún momento de nuestra vida puede pasarnos que perdamos la motivación. Ese motor interno que nos impulsa y nos guía en nuestro comportamiento hacia nuestros deseos y metas. Es probable que el año de pandemia haya hecho más complicado seguir con algunos de nuestros objetivos vitales, convirtiéndose en un contexto que nos predispone para experimentar desmotivación. Ésta es un estado interior en el que perdemos la disposición, la energía y la ilusión para realizar las acciones que nos son valiosas. Y, generalmente, se acompaña de apatía, tristeza y pesimismo.

Algunas de las señales que nos advierten de que podemos haber entrado en un estado de desmotivación son:

  • Irritabilidad y cambios en el estado de ánimo: sentimos desesperanza, baja nuestro umbral de tolerancia a la frustración y experimentamos apatía.
  • Pensamientos negativos sobre nosotros mismos y lo que nos rodea: valoramos con frecuencia lo que nos ocurre en términos de fracaso.
  • Pérdida o cambio en los hábitos básicos de nuestra rutina: perdemos apetito, comemos a deshora, no tenemos ganas de asearnos, no logramos descansar…

¿Qué hay debajo de la desmotivación y qué podemos hacer con ello?

Para abordar la desmotivación, es importante que seamos conscientes de qué es lo que la está originando. Para ello, nos podemos hacer las siguientes preguntas…

  • ¿Sentimos miedo? Cuando salimos de nuestra “zona de confort”, hay una parte de nosotros que siente miedo. Nos está informando de que actuemos con precaución  para sentirnos seguros y seguras. No obstante, si el miedo es muy grande puede que nos paralice y ya no cumpla la función de protegernos. Desgastando así la energía que necesitamos para emprender el camino hacia nuestras metas.

Un primer paso para manejar la desmotivación es reconocer nuestros miedos: a veces, con el hecho de nombrarlos ya disminuye su intensidad. Además, establecer un plan realista, rebajar nuestras exigencias y dar pequeños pasos para alcanzar ese plan puede ayudarnos a sentir que tenemos un mayor control y que el miedo está de nuestra parte.

  • ¿De dónde vienen nuestras motivaciones? Hay veces que guiamos nuestras acciones por cumplir las expectativas que personas a las que queremos tienen de nosotros, por lo que la sociedad considera que es “adecuado”… Estos motivos pueden darnos un empujón para continuar en lo que estamos haciendo, pero a largo plazo acabaremos perdiendo la ilusión si no prestamos atención a nuestros propios intereses y necesidades.

Por ello, conviene revisar si estamos escuchando nuestras necesidades. Esta tarea es compleja, ya que muchas veces nuestra mente nos engaña insistiéndonos en lo que deberíamos hacer y no nos permite escuchar qué nos dice nuestro cuerpo. Equilibremos esas dos partes: mente y cuerpo.

  • ¿Tenemos nuestras metas claras? Cuando no hemos dedicado tiempo a reflexionar sobre lo que queremos. Y no hemos definido concretamente nuestros objetivos, es posible que sintamos que estamos esforzándonos y tomando decisiones en nuestro día a día sin saber muy bien por qué. En “modo automático”. Es necesario que nos demos un tiempo para nosotros mismos, para descansar y pensar en lo que queremos, establecer objetivos a medio y largo plazo y concretarlos en acciones.
  • ¿Cuáles son nuestras necesidades en el presente? A lo largo de nuestra vida nuestras necesidades van cambiando; sin embargo, a veces nos empeñamos en mantener las mismas metas por el hecho de sentir que estamos siendo fieles y coherentes con nosotros mismos. La desmotivación, en este caso, puede ser un aviso de que necesitamos reajustar algún objetivo vital, seguir un camino diferente. Todas las personas tenemos el derecho a cambiar a la vez que vamos evolucionando, por lo que podemos entrenar nuestra flexibilidad para hacer cambios que intuimos que van a contribuir a nuestro bienestar.
  • ¿Las actividades a las que nos dedicamos nos suponen desafíos? Habrá momentos en que sintamos que una actividad o situación que antes nos motivaba ha dejado de movilizarnos. Esto puede ser debido a la monotonía, a que nos hemos habituado y nos cansa; quizás esta actividad ya no nos representa un reto. Muchas personas necesitan crecer y poner a prueba sus capacidades. Puede que sea el momento de explorar nuevos retos; también de desarrollar nuestra creatividad para encontrar nuevas maneras de realizar aquellas actividades que nos resultan monótonas o encontrar otras más estimulantes.

Por otro lado, podemos sentir desmotivación en distintas áreas de nuestra vida: en relación al trabajo, los  estudios, las relaciones interpersonales y de pareja… incluso puede que sea una cuestión más existencial. Dentro de las circunstancias personales en las que nos encontremos, iniciar una terapia psicológica nos puede ayudar a reencontrar la motivación que nos permita ser conscientes de nuestros valores y metas y recuperar la confianza en nosotros mismos.

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Artículo redactado por la psicóloga general sanitaria Elena Díaz.

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