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LA TORTURA DEL AHORA, ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO

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Los métodos de tortura física y psicológica han evolucionado a lo largo de los siglos. En la época de la inquisición española el potro fue uno de los métodos de tortura más utilizados por quienes querían hacer sufrir y confesar a sus reos.
Seguramente tengas en mente la imagen de ese instrumento: una tabla de madera dónde la persona era atada de pies y manos, para después, que estirasen sus extremidades hasta dislocarse y romperse por completo.
El potro que ha llegado hasta nuestros días es algo diferente al que conocemos. En este nuevo instrumento de tortura las cuerdas se sostienen de forma voluntaria, y es el torturado si decide luchar o no contra la fuerza de los extremos.

TORTURA ENTRE EL PASADO Y EL FUTURO

El sufrimiento emocional se parece mucho un potro de tortura. En su punto medio está el tiempo presente, unido con cuerdas por ambas extremidades a su pasado y su futuro. Mientras el pasado y el futuro están dormidos, ocupando el lugar que les pertenece, el ahora puede descansar tranquilo entre ellos.
En cuanto uno de ellos se despierta, feroz, enfadado, exigente de atención por parte del presente, el sufrimiento empieza a hacerse notar volviéndose a veces insoportable e insufrible. En esos momentos el tiempo se encuentra atrapado tirando de las cuerdas para conseguir mantenerse emocionalmente unido.

¿QUÉ HACER CUANDO NOS QUEDAMOS ATRAPADOS?

Parece tentadora la idea de pedirle al presente que tiré de uno de los extremos mucho más fuerte para contrarrestar la fuerza del pasado o el futuro. En esa pelea contra las cuerdas, el ahora tendrá momentos dónde podrá coger aliento para seguir tirando con más fuerza e intentar ganar la batalla. Aunque, a la larga, esto hará que acabe perdiendo su esencia ya que el ahora no se caracteriza por estar constantemente pendiente de otros tiempos.
Y así, en la lucha entre el pasado y el futuro, el presente puede intentar, sin demasiados resultados, que los recuerdos y las expectativas no acaben rompiéndole por la mitad. Al ahora le gustaría no estar ahí, atrapado, pero es algo que a veces no puede evitar.


Aparece entonces la gran pregunta: “¿qué puede hacer el presente si no puede escapar de ahí?”. Hay varias respuestas a esta pregunta, una de ellas es que siga pendiente de las cuerdas, tirando y librando con una batalla que parece no tener fin. Pero, ya conocemos el resultado de vivir de esa manera. Hay otra opción para acabar con este potro de tortura, más sencilla, aunque no por eso más fácil de llevar a cabo, y es soltar la cuerda.

Artículo redactado por la psicóloga general sanitaria Andrea Pérez

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