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El cansancio. ¿Cómo ganarle el pulso?.

En este artículo me voy a centrar en el cansancio mental crónico. Ese tipo de malestar que por desgracia se instala en muchos y forma parte del  estilo habitual de vivir. Todos conocemos el cansancio que se genera por la actividad diaria ante la cual nos recuperamos con una buena dosis de sueño reparador. Es un ciclo sano de tensión y relajación que nos mantiene motivados y enfocados en nuestros objetivos diarios.

Causas del cansancio:

Sin embargo en ocasiones aparece en escena el cansancio crónico. Éste es un síntoma, una manifestación de temas subyacentes que no estamos gestionando adecuadamente. Vamos a empezar por lo más conocido, muchas veces menospreciado y no siempre puesto en práctica: la necesidad de disfrutar de un descanso reparador con las horas de sueño que cada persona necesite.

El insomnio

El insomnio es una causa de este cansancio permanente y responde a varias razones: hábitos nocturnos, trabajar en casa hasta tarde, sobre estimulación mental rumiando problemas o situaciones pasadas.  Una causa habitual de insomnio es querer hacer más cosas de las que uno puede durante el día, no dándose el permiso de parar y dejando que la mente sobre estimulada continúe con la solución a los problemas diurnos. La persona quiere abarcar más de lo que puede. Se levanta más cansada, por lo que no puede rendir como le gustaría, extendiendo de nuevo su actividad a las horas nocturnas. A pesar de que sabemos que por naturaleza lo que toca es el descanso y la reparación y conservación de energías. Un ciclo vicioso que va contra natura.

La alimentación

Si a estas dificultades para descansar, le añadimos una alimentación pobre y rápida. Donde nuestro cuerpo queda carente de algunos nutrientes básicos, la combinación empieza a ser más perjudicial. Para mantener este estilo de vida nocivo, la persona  a veces necesita sustancias que estimulen su ya mermada energía vital. Entonces recurrimos a la ingesta de café, alcohol, tabaco y a veces incluso drogas como la cocaína.

Conductas no deseadas

En un terreno más psicológico, el cansancio puede provenir también por mantener una conducta incoherente con nuestra forma de pensar y/o sentir. Sucede cuando estoy viviendo algo que realmente no deseo pero por diferentes motivos, me veo atrapado/a  en la situación y continuo con ella. Esa incoherencia genera una gran pérdida de energía vital. Todo lo contrario a cuando estamos haciendo algo con entusiasmo y pasión. Puedo cansarme pero me recupero pronto para proseguir con esa actividad que tanto bienestar me genera.

Si éste fuese el motivo principal del cansancio, el tratamiento iría enfocado en replantearse las decisiones tomadas y hacer los reajustes necesarios para corregir el rumbo. 0ptando por otras opciones como soltar “el lastre” y/o incorporar cosas nuevas. Este lastre puede tomar la forma de relaciones que no funcionan de ninguna forma, trabajos que me deprimen, ambientes nocivos, amistades tóxicas, etc.

Otros motivos para la aparición de dicho cansancio serían: La dificultad para desconectar de los problemas, no saber establecer prioridades ( no distinguir entre urgente e importante), no saber poner límites adecuados para evitar la sobrecarga de responsabilidades y/o la dificultad para expresar nuestros sentimientos y preocupaciones.

¿Qué hacer cuando aparece el cansancio?

A veces toca aprender a bajar el ritmo y es necesaria una intervención en técnicas de relajación. Técnicas sencillas como la relajación progresiva de Jacobson, control de la respiración, visualizaciones y la meditación pueden suponer un cambio importante. Sobre todo en aquellas personas que tienen un firme deseo en aprender a ganarle el pulso al cansancio.

Nuestro sistema nervioso no fue diseñado para afrontar altos niveles de estrés prolongado en el tiempo. Está concebido para afrontar estímulos estresantes puntuales, no continuos. Se adapta, pero con un gasto energético , fisiológico y mental, que puede pasarnos factura si no le ayudamos con actividades que nos reporten relajación y bienestar. Las técnicas arriba citadas tienen como función ayudar a activar la parte del sistema nervioso responsable de la relajación y descanso.

Una técnica muy popular es la meditación. Hay diferentes modalidades y es cuestión de que cada persona encuentre la que se adapta mejor a sus preferencias. Cerrando los ojos y en una posición cómoda, nos centramos en el movimiento rítmico de la respiración. Manteniendo esta atención concentrada en éste y otros estímulos corporales, la persona va ganando gradualmente una mayor sensación de bienestar, paz mental y vitalidad.

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Este artículo ha sido redactado por Joaquín Juliá Salmerón.

Psicólogo general sanitario

Colegiado CV-11008

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